La definición es globalmente conocida pero poco aplicada: el
periodismo consiste en develar información socialmente relevante que los
poderosos no quieren que se sepa. Irónicamente, el obstáculo más grande para
poder cumplir con ese objetivo es que las empresas periodísticas se han
transformado en uno de los actores de peso que muchas veces evitan que algunos
hechos salgan a la luz.
lunes, 9 de mayo de 2016
Gana Donald Trump, fracasa el periodismo
Periodistas y medios de EE.UU. admiten haber hecho mal su
trabajo en la cobertura de la campaña del magnate.
sábado, 7 de mayo de 2016
Las verdades de mi madre
Alberto Salcedo Ramos, Crónica, Resonancias.- A ella no le gustaban ni el ruido, ni la histeria, ni las
parejas que se besaban en la calle, ni los niños que se sentaban a la mesa sin
lavarse las manos, ni las mujeres que llamaban siete veces diarias a la casa
del novio, ni los hombres que se descamisaban en público.
Todavía hoy me parece que su sentido del deber era dramático
y en algunos casos hasta desconsiderado con ella misma. También se me antojaba excesivo el rigor con
el que solía entregarse a la búsqueda de la verdad, aun en los casos en que esa
verdad podía resultarle adversa o dolorosa. Mi madre era incapaz de regalar un
piropo en el que no creyera.
Mi madre odiaba el engaño, así éste se mimetizara
en un objetivo aparentemente razonable, como el de amortiguar la calamidad con
una pirueta del lenguaje. Mi madre jamás se ponía capuchón para expresar -siempre en voz alta y sin rodeos- sus opiniones. Más de dos veces la vi correr
el riesgo de decir la verdad incómoda a la que los demás le temían, simplemente
porque para ella ninguna mentira era piadosa.
Cuando le salieron las canas, cuando le nacieron los
primeros nietos, aprendió -cautelosa, sabia- a manejar sus propias
intolerancias, para no sufrir a costa de ellas ni fastidiar a las demás
personas con sus reclamos. Ya no perdía el tiempo amonestando a los ruidosos
con una mirada fulminante, como en el pasado, sino que se apartaba del
escándalo, en busca de una trinchera donde poner a salvo su tranquilidad.
En el centro de todo ese sentido psico-rígido del orden, mi
madre era un melocotón que se deshacía en el paladar: nos hacía cosquillas
hasta sacarnos las lágrimas, nos escondía un juguete cualquiera y nos retaba a
que lo encontráramos, mientras iba repitiendo en voz alta las palabras “frío”,
“tibio”, “caliente”, según estuviéramos lejos o cerca de lograr el objetivo;
nos daba un confite de almendra por cada beso sonoro que estampáramos en sus
mejillas. Si yo pudiera morir acostado en mi cama mientras contemplo los arabescos
de las telarañas en el techo, y si tuviera, además, la oportunidad de elegir en
ese momento la imagen con la cual quisiera irme de este mundo, escogería el
siguiente recuerdo. Veinticuatro de diciembre de 1973. Yo tenía diez años.
Estaba estrenando un pantalón blanco de lino que mi madre me había regalado ese
mismo día, por la tarde, con una de sus advertencias favoritas:
- Ya sabes, m’ijo: este pantalón es muy elegante. Trátalo
como si fuera un arreo de la iglesia.
Sin embargo, esa noche, en vez de andarme con remilgos para
proteger el pantalón como ella proponía, me fui a merodear por el cine de
Arenal, el pueblo en el que vivíamos. La calle, que en aquel tiempo no había
sido pavimentada, era una polvareda de espanto debido a la aglomeración de gente.
La muchedumbre estaba reunida alrededor de una mesa de madera rústica, sobre la
cual giraba una ruleta llena de números. Yo me quedé fascinado frente a los
colores de la rueda, frente al sonido que producía cuando rotaba, frente a los
alaridos tremendos de los adultos. Me impresionaba – supongo – el poder
imprevisible del azar. Entonces me animé a apostar los cinco pesos que me había
regalado mi tío Gonzalo y, para mi sorpresa, gané: de un solo tirón resulté
embolsándome treinta y cinco pesos. Con las ganancias compré, entre otras
cosas, una empanada de huevo para obsequiársela a mi madre. Estaba tan
embriagado por el sabor del triunfo, que me guardé la empanada en el bolsillo
izquierdo del pantalón. Mientras corría desbocado hacia la casa, sentía la sensación
de llevar en el muslo un tizón prendido. En cuanto llegué, mi madre notó,
aterrorizada, el círculo amarillento de grasa que había convertido mi pantalón,
mi fino pantalón, en un trapo de miseria. En seguida corrió hacia mí con el
rostro transfigurado por la furia. Era evidente que se aprestaba a troncharme
la cabeza. En ese momento me saqué el paquete del bolsillo y le dije:
-Mira lo que te compré, mami.
Su semblante pasó sin ninguna transición de la rabia al
regocijo. Me besó en la frente una y otra vez, me apretó emocionada contra su
pecho, los ojos llorosos, la risa alborozada, como celebrando de golpe la ruina
del pantalón, solo porque le permitía recibir aquel detalle cariñoso de su hijo
bruto. A menudo, cuando las cosas no van bien para mí, me aferro a este
recuerdo estremecedor como el náufrago al salvavidas.
En mayo del año 2000, cuando me enteré de que mi madre
padecía cáncer de páncreas, les rogué a los médicos que le ocultaran la verdad.
Quería evitar que el susto la matara antes que la enfermedad. Los médicos
desoyeron mis súplicas y le aventaron la mala noticia de un modo que a mí se me
antojó demasiado brutal. Ella se impresionó mucho, lloró, rezó, dijo que quería
seguir viva. Sin embargo, no resistió la cirugía que le practicaron. A veces creo
que no la mató el bisturí sino la angustia de saber que estaba gravemente
enferma. Entonces repruebo al doctor que, en contra de mi voluntad, se atrevió
a contarle el mal que tenía. Pero al final termino entendiendo que mi madre,
mujer de una sola pieza hasta el último aliento, no hubiera aceptado ni
siquiera esa mentira.
Reportear la tragedia
Con el terremoto del 16 de abril, que devastó varias provincias, entre ellas Manabí y Esmeraldas, los medios de comunicación se organizaron para enviar personal que pudiera cubrir lo que sucedía en la zona del desastre.
Las críticas al ejercicio periodístico fueron diversas. Se
condenó el hecho de que después de las primeras horas no se emitiera noticia
sobre este hecho en televisión. Posteriormente, se habló de la valentía de
aquellos que, a pesar de las condiciones, transmitieron lo que estaba sucediendo
en las zonas afectadas.
Luego, cuando el Presidente anunció las medidas económicas,
se dijo que la información que se difundía era altamente politizada y que eso
no era provechoso ni sumaba nada en medio de la situación del país.
Quiero destacar dos ejercicios de periodismo narrativo que
me conmovieron. Allen Panchana escribió para el portal ‘Clases de Periodismo’
un artículo titulado ‘Ser periodista a veces duele’. En él describe su viaje
hasta Portoviejo junto al equipo de Visión 360 de Ecuavisa.
Allí se encontró con Isabel, una mujer de falda larga y
camiseta gris, que escarbaba entre fierros retorcidos y toneladas de ruinas.
Luchaba por recuperar los restos de su hermano, atrapados entre los escombros
de la farmacia que había llegado a comprar.
Panchana, en su escrito, no solo hace un recuento de los
casos dramáticos que tuvo que presenciar, sino que además emprende un ejercicio
retrospectivo en el que analiza su tarea y de lo doloroso que puede resultar.
Otra experiencia es la de Diego Cifuentes, un fotógrafo que
después de recorrer Perdernales, La Chorrera, El Carmen, entre otros lugares,
escribe la crónica ‘Nunca nos miraron’. Estas crónicas han sido reconocidas y
conforman un ejemplo de cómo se debe hacer reporterismo en medio del desastre.
Roque Rivas
Zambrano
roque@lahora.com.ec
roque1rivasz@gmail.com
salvataje@yahoo.com
La Hora
***
***
***
‘Ser periodista a veces duele’
La vida en 42 segundos
Revista Vistazo***
Nunca nos miraron
***
jueves, 5 de mayo de 2016
Los premios Ortega reconocen el periodismo valiente
El Rey destaca cómo El País afronta la transformación
digital sin renunciar a sus principios de “calidad, modernidad y excelencia”.
El País de España.- El diario El País de España celebró este jueves de manera
solemne sus 40 años al servicio de la democracia, de la libertad y de sus
millones de lectores en todo el mundo. El marco fue la entrega de los Premios
Ortega y Gasset de Periodismo, en su 33ª edición, durante una ceremonia
presidida por los Reyes en la que resaltó sobre todo el compromiso del diario
con la modernización de España a lo largo de estas cuatro décadas.
El Rey entregó los premios a los galardonados -Joseph
Zárate, Lilia Saúl, Ginna Morelo, Samuel Aranda y Adam Michnik-, junto a doña
Letizia y Juan Luis Cebrián, primer director de El País y actual presidente del
diario y del grupo PRISA.
Felipe VI destacó que el rotativo ha sido “testigo y altavoz
de los grandes acontecimientos y las transformaciones experimentadas por
nuestra sociedad en los últimos decenios”.
El Rey, quien evocó las figuras de los fundadores del
periódico (José Ortega Spottorno, Jesús Polanco y Juan Luis Cebrián), agradeció
la labor jugada por este diario en su empeño por impulsar el proyecto “con todo
el compromiso profesional, intelectual y social que merece y que lo
caracteriza”.
Joseph Zárate
Máxima Acuña la dama de la Laguna Azul versus la Laguna Negra (Premio)
***
Lilia Saúl
¿Qué es “Desaparecidos”? (Premio)
¿Qué es “Desaparecidos”? (Premio)
***
Ginna Morelo
¿Qué es “Desaparecidos”? (Premio)
“El periodismo requiere tanta actualización como la
Medicina” (Entrevista)
***
Adam Michnik
“Los buenos periodistas saben que este es un oficio difícil”
Adam Michnik, premiado por los Ortega y Gasset por su
trayectoria profesional, analiza el futuro del periodismo y la deriva
autoritaria que azota Polonia.
***
Samuel Aranda
***
La periodista mexicana Anabel Flores fue asesinada por el crimen organizado por su trabajo
El Fiscal de Veracruz, México, afirma que sus publicaciones
"afectaron a los intereses" del narco.
El País de España.- Al contrario de otros asesinatos de periodistas en México en
los que las causas del crimen se pierden en la niebla o entre rumores de que no
tuvieron que ver con su oficio, el de Anabel Flores se concreta: la mataron por
su trabajo. Por "unas publicaciones que afectaban los intereses de un
grupo delincuencial", según ha dicho este jueves Luis Ángel Bravo, fiscal
de Veracruz, un Estado con fuerte presencia del crimen organizado y paradigma
de la violencia contra la prensa en este país, uno de los vectores de la crisis
de derechos humanos que atraviesa México.
Con el tiempo todos los reporteros se convertirán en periodistas móviles
El periodismo móvil ha experimentado cambios significativos
en el último año, con numerosas organizaciones de noticias adaptándose a las
nuevas tecnologías móviles. Sobre ello se discutió en el evento MoJoCon en
Irlanda, y no faltaron las experiencias, las visiones del futuro y los consejos
para los que quieran empezar su redacción.
***
Suscribirse a:
Entradas (Atom)






