miércoles, 25 de marzo de 2026

Caricaturista Bonil abandona Diario El Universo tras 31 años: 'Donde me lleve mi pluma'

Bonil se despide de diario El Universo. (Foto: archivo).

Revista Vistazo. El caricaturista Xavier Bonilla, más conocido como ‘Bonil, se despidió de Diario El Universo tras laborar 31 años en ese medio de comunicación. “Todos tenemos nuestras propias visiones. Cada quien tiene su rumbo. Y yo tengo el de siempre: donde me lleve mi pluma”, escribió en su cuenta de X al anunciar su salida. Revise también: Diario El Universo cambia de dueños tras más de 100 años en manos de la familia Pérez. Su última caricatura fue publicada este martes, 24 de marzo, en la que se observa un bolígrafo con alas.


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Expreso. El reconocido caricaturista Xavier Bonilla, mejor conocido como Bonil, rompió el silencio tras su salida de diario El Universo. El artista detalló cómo la censura de sus dibujos sobre temas sensibles (como el gobierno de Daniel Noboa y la situación de GRANASA) precipitó su renuncia. El incidente coincide con la adquisición del medio por parte del grupo Integra Capital, marcando un giro inesperado en la trayectoria del comunicador más influyente del humor gráfico en Ecuador.

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NOTA EDITORIAL: Después de más de tres décadas trazando con agudeza la realidad desde nuestras páginas, hoy despedimos a Bonil, no por una ausencia impuesta, sino por una decisión suya y libre. Su talento queda como parte imborrable de la historia de este Diario. Buena suerte en los nuevos caminos.

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Cuando el poder compra el silencio

 
María Sol Borja, periodista ecuatoriana.

Primicias. Nos encanta el periodismo valiente, ese que desentraña tramas de corrupción, indaga en el crimen para entender cómo se pudre el sistema o confronta con el micrófono a los personajes más oscuros de la política.

Nos encanta compartir el link, indignarnos en redes sociales y exigir que “alguien” haga algo. Pero esa valentía no depende solo de quien la ejerce, sino de las condiciones en las que ese periodismo intenta sobrevivir.

Porque hacer periodismo incómodo siempre ha tenido costos. Pero esos costos se disparan cuando el poder que se cuestiona no es sólo político, sino también económico.

Ahí es donde el terreno deja de ser simplemente hostil y se vuelve desigual.

Y ese no es un escenario hipotético.

Hoy, en Ecuador, esa concentración es cada vez más evidente. La figura de Daniel Noboa no solo encarna el poder político, sino también una estructura económica que amplifica su capacidad de influencia y aunque es algo evidente, quizás la mayoría no ha medido su impacto en la democracia.

Si algo incomoda al poder político, este puede presionar. Pero cuando ese mismo poder tiene, además, la capacidad económica -directa o indirecta- de incidir en medios, en la pauta publicitaria, en las relaciones empresariales y en los incentivos del ecosistema mediático, la presión va por todos los flancos.

Esto no pasaba durante el correísmo, en donde sí hubo una confrontación abierta con la prensa y posturas claramente autoritarias, pero existían sectores económicos y mediáticos con suficiente autonomía para ejercer contrapeso. Ese equilibrio tenso e imperfecto permitía que ciertas voces resistieran. Hoy, ese espacio es mucho más estrecho.

No hablemos de eso

En ese contexto, la salida de Bonil de El Universo -ejemplo de resistencia en aquella década de confrontación-, sumada a la de otros columnistas, deja de ser una anécdota interna. Es otra señal. Y se vuelve aún más relevante cuando ocurre en medio de cuestionamientos sobre la opacidad en la compra del medio.

Porque cuando no se sabe con claridad quién está detrás, cuáles son los intereses en juego o qué vínculos existen con el poder, lo que está en discusión no es una operación empresarial más. Es la independencia de uno de los actores clave en la construcción del debate público.

En ese contexto, lo que empieza a proliferar no es el periodismo, sino su caricatura.

Aparecen “medios” y voces que no buscan fiscalizar, sino congraciarse con el poder. Ese nivel de subordinación abierta no era habitual. Lo que vemos hoy no es solo la ausencia de un contrapeso periodístico desde lo mediático, sino la presencia de espacios que en lugar de incomodar al poder, lo protegen.

No es casual

Cuando el poder político y el económico se concentran o se alinean, el margen para la disidencia se reduce drásticamente.

El gobierno que quiere periodistas domesticados

Ya no se trata solo de presiones directas, sino de un ecosistema que se reconfigura: medios que evitan incomodar para no perder pauta, empresas que prefieren no asociarse con voces críticas, periodistas que entienden -explícita o implícitamente- cuáles son los límites.

El resultado es un blindaje más sofisticado que la censura abierta, porque no necesita imponerse: se instala silenciosamente. Y así, lo que antes encontraba resistencia en distintos frentes hoy circula con mucha menos fricción y confunde: lo que parece periodismo ya no necesariamente lo es.

A estas condiciones se suma otro factor menos visible, pero igual de determinante: el debilitamiento de los organismos internacionales que antes funcionaban -con mayor o menor eficacia- como instancias de presión y resguardo para periodistas y medios. Hoy ese paraguas es mucho más frágil.

Y en ese escenario, el periodismo que se exige -el que investiga, incomoda y confronta- ya no depende solo de quienes lo ejercen. Depende también de quiénes están dispuestos a sostenerlo.

De élites que entiendan que no pautar en espacios críticos también es tomar partido. De audiencias que no consuman información como un producto desechable y estén dispuestas a financiar el periodismo independiente. De una sociedad civil que no mire hacia otro lado cuando el poder aplasta a las voces críticas.

Porque si esas decisiones no se toman, el resultado no será un periodismo distinto. Será, simplemente, un periodismo inexistente.


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A 49 años del asesinato de Rodolfo Walsh, el periodismo recuerda su legado y reivindica a sus trabajadores desaparecidos

 
Rodolfo Walsh, periodista y escritor argentino.

Señales. Hoy se cumplen 49 años del secuestro y asesinato de Rodolfo Walsh, periodista y escritor de enorme compromiso con la información, a la que concebía como un instrumento de conocimiento y, además, como una herramienta capaz de organizar y articular lo social y lo político. Ese compromiso atravesó su apasionado trabajo en distintas redacciones y sus rigurosas investigaciones, que dieron sentido a la elección del 25 de marzo como el Día de las y los Trabajadores de Prensa. Walsh era ya un periodista y escritor reconocido, pero también perseguido al momento del golpe del Golpe de Estado en Argentina de 1976. Un año después, su profunda reflexión política sobre el horror y el significado de la dictadura quedó plasmada en la Carta Abierta de un Escritor a la Junta Militar, una pieza en la que datos y narrativa se conjugan con maestría, logrando trascender el paso del tiempo pese a que ningún medio la publicó en su momento.


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Señales. El 25 de mayo de 1938 los trabajadores y trabajadoras de prensa de todo el país reunidos en Córdoba aprobaron el proyecto de lo que años más tarde, el 25 de marzo de 1944 se sancionaría por decreto como el Estatuto del Periodista Profesional. Dos años después, el Congreso de la Nación sancionó la ley 12.908, que a lo largo de los años tuvo múltiples modificaciones. En su larga historia, el Estatuto del Periodista y el del Empleado Administrativo son el resultado del debate y la construcción colectiva y transversal de todos los sectores del periodismo y de la política: quien primero lo impulsó fue el periodista y diputado radical Víctor Guillot, lo promovieron los socialistas, lo sancionó Perón y lo promulgó como ley el Congreso de la Nación, aunque luego tuvo transformaciones, como la incorporación de la radio y la televisión o, durante el gobierno de Arturo Illia, cuando se introdujo la indemnización especial como una protección del empleo para garantizar la libertad de expresión.

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