domingo, 16 de marzo de 2025

La prensa en crisis: ¿Tienen culpa las facultades de periodismo?

Gabriel García Márquez, periodista. Fotografía: Centro Gabo.

Alexander Velásquez, Espectador. Han pasado ya casi treinta años desde que Gabo pronunció esas palabras en su discurso de 1996 ante la Sociedad Interamericana de Prensa, SIP. Me pregunto si su reclamo tiene vigencia y si lo que se enseñan en las facultades se ajusta al frenético presente dentro y fuera de las salas de redacción. La academia ya no tiene el monopolio del conocimiento, como señalan, en este episodio de A fondo, Raquel Bernal, rectora de los Andes, y Fabio González, profesor de la Universidad Nacional. Dice el profe: “Hemos sido lentos en reaccionar (…) Creo que con la inteligencia artificial nos toca actuar de manera mucho más rápida. (…) Enfocarnos en formar ciudadanos (…) que puedan adaptarse a estos cambios y que puedan seguir aprendiendo a través de la vida (…) La idea de que vamos a tener a un estudiante cuatro años para enseñarle todo ya no es válida (…) Ya no tenemos el monopolio del conocimiento”.


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Las periodistas irreverentes

Lydia Cacho, periodista mexicana.

Lydia Cacho, El País.  Eran los años noventa, el sol se disolvía en el traslúcido mar de Cancún esa tarde en que junto a mi marido me senté en un restaurante italiano. A punto de dar el primer trago a una copa de vino, el camarero, que era conocido nuestro, me explicó que aquel hombre atractivo, con barba y una melena negra que caía sobre ojos profundos y cejas afligidas, el de la sonrisa expansiva, ese que recién se había sentado a la mesa del gobernador, era Amado Carrillo El Señor de los Cielos, nuevo líder del Cártel de Juárez. Se rumoreaba que recién había comprado un edificio frente al mar y que el gobernador Mario Villanueva le ayudaba a blanquear el dinero de drogas y armas. Años más tarde se demostró. Verlos allí, en público, me hizo entender que continuamente los crímenes suceden a plena luz del día frente a nuestra mirada. Ese día pensé que nacemos en un territorio, en una familia específica, con una educación y un temperamento determinado, que todo ello es parte esencial de la forma en que aprendemos a fijar nuestra mirada en el mundo y, por tanto, nuestra forma de entender y narrar lo mirado; somos el contexto y el contexto es nosotras. Todo lo demás son herramientas adquiridas con esfuerzo, estudio con una pizca de talento e inspiración. Entendí que para una buena periodista todo importa, mirar siempre a mi alrededor me ha ayudado a escribir las mejores investigaciones e incluso a salvar mi propia vida.


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