Walter Operto llegó a Vallegrande en 1967 para cubrir para la revista Así la captura y muerte de Ernesto "Che" Guevara en Bolivia.
Juan Mascardi, Infobae. La noticia más importante de su vida estaba colgada de un helicóptero. Cuando la nave tocó tierra en Vallegrande, cientos de personas esperaban. Era octubre de 1967. En un pueblo boliviano de calles polvorientas y techos bajos, la gente se apretaba detrás de los cordones militares para ver un cuerpo. Lo habían traído sujeto a una plataforma externa de una aeronave. Decían que era Ernesto “Che” Guevara. Decían también que había muerto en combate. El periodista argentino Walter Operto había llegado como cronista de la revista Así, enviado a cubrir los últimos capítulos de un enfrentamiento que, desde hacía meses, ocupaba la atención de América Latina. Mientras los comunicados militares repetían una versión ordenada y conveniente, él comenzó a escuchar otra historia. Una historia hecha de contradicciones, horarios que no cerraban, médicos que observaban heridas imposibles de conciliar con el relato oficial y soldados que hablaban más de la cuenta.
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