Tom Wolfe retratado en octubre del 2004. (Photo. David Corio).
Enrique Planas, https://elcomercio.pe/. Impecable en su traje blanco de tres piezas y camisa de cuello almidonado, el hombre al que se le consideró padre del nuevo periodismo nunca creyó en la paternidad responsable. No se sintió nunca un referente cultural de la segunda mitad del siglo XX, y más bien declaró la guerra a quienes creyeron serlo: Norman Mailer, por ejemplo. A pesar de haber nacido en Richmond, Virginia, en 1930, Tom Wolfe podría considerarse parte del mobiliario urbano de Nueva York, ciudad donde residió desde 1962, al entrar a trabajar en el “New York Herald Tribune”, diario donde forjó un nombre en el periodismo literario y la novela periodística. Insistía en que la única manera de contar una buena historia era salir a reportearla, cultivando para ello una libertad siempre apoyada por Clay Felker, director de ese rotativo, quien siempre animó a sus reporteros a ir más allá del periodismo objetivo. Fue entonces cuando Wolfe, junto con autores como Truman Capote o Gay Talese, contribuyó a la creación de un estilo híbrido que rompía con las formas convencionales de narrar una noticia. Denominado nuevo periodismo, esta corriente buscaba contar la realidad desde la riqueza de la literatura, con técnicas narrativas propias de la ficción, pero siempre respetando el rigor de los hechos






