jueves, 19 de febrero de 2026

¿Y quién va a salir a la calle?


Óscar Durán, El Tiempo. En los últimos años, hemos visto cómo la conversación pública se ha desplazado, casi por completo, hacia el comentario. No hablo solo de redes sociales, aunque ahí el fenómeno es más visible. Hablo de un ecosistema entero en el que cada vez más personas opinan sobre lo que otros dijeron, reaccionan a lo que alguien publicó y construyen audiencia a partir del eco.

Hoy hay influencers que comentan entrevistas, youtubers que analizan titulares, creadores que reaccionan a reportajes y opinadores profesionales que viven de explicar lo que otro periodista ya investigó. No está mal. La opinión es parte esencial de la democracia y del periodismo. El problema aparece cuando la balanza se inclina peligrosamente hacia un solo lado: cuando todos comentan, pero pocos salen a buscar.

El periodismo no nació para comentar el comentario. Nació para preguntar lo que nadie quiere responder. Para tocar puertas incómodas. Para contrastar versiones. Para encontrar documentos. Para salir a la calle.

En el aula, suelo insistir en una idea sencilla: no todo puede ser interpretación. Alguien tiene que producir los hechos verificables sobre los cuales luego discutimos. Alguien tiene que ir a una alcaldía a preguntar por la contratación, al barrio a hablar con la familia, al juzgado a revisar el expediente, al territorio a escuchar lo que no cabe en un hilo de X o en un video de 30 segundos.

Si el ecosistema se llena de opinadores que solo reaccionan a lo que otros investigaron, ¿qué pasa cuando nadie investiga? ¿Qué ocurre cuando el incentivo económico y simbólico está del lado del comentario rápido y no del trabajo lento?

El algoritmo premia la reacción inmediata, la indignación veloz, la sentencia tajante. Investigar, en cambio, es un acto silencioso y poco espectacular. Implica horas de lectura, llamadas que no contestan, viajes que no garantizan resultados. No es viral. No siempre da likes. Pero es la base sobre la que se construye todo lo demás.

Lo paradójico es que incluso los influencers más exitosos dependen de que alguien haga el trabajo duro primero. Reaccionan a una investigación judicial, a un informe de la Fiscalía, a un reportaje de un medio regional, a un hallazgo académico. Sin ese insumo inicial, no hay contenido para comentar.

Sin verificación, sin contraste y sin trabajo de campo, no hay periodismo. Hay ruido.


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El gobierno que quiere periodistas domesticados

 
María Sol Borja, periodista ecuatoriana.

Primicias. Ser periodista es una elección muy riesgosa en uno de los países más violentos del mundo. No solo por lo que la violencia acarrea, sino por algo quizá más corrosivo: la idea, cada vez menos disimulada, de que el poder quiere una prensa domesticada. Una prensa que se limite a amplificar su voz. Que no incomode. Que no pregunte. Que no contraste. Que aplauda. O que calle. Por eso los lineamientos que salieron del Comando Conjunto de las Fuerzas Armadas no deberían leerse como un desliz producto del desconocimiento de cómo opera el periodismo, ni mucho menos como una “guía para organizar coberturas”, como intentan venderlo. No. Lo que esos lineamientos revelan -sin ninguna sutileza- es un intento por institucionalizar una lógica peligrosa: que el Estado, desde sus aparatos armados, decida quién puede informar y quién no.


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miércoles, 18 de febrero de 2026

Periodistas y comunicador@s a reinventarse sin renunciar convicciones y principios

Fernando García, Utopía Comunicaciones y Gissela Dávila, directora de Ciespal.

Utopía Comunicaciones. En esta entrevista, Gissela Dávila, directora de CIESPAL, reflexiona sobre el futuro del periodismo y la comunicación en la era digital. ¿Están las universidades formando profesionales para el presente o para el pasado? Hablamos sobre redes sociales, algoritmo, ética, libertad de expresión y la urgente necesidad de actualizar la enseñanza de la comunicación sin renunciar a principios y convicciones.


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Vanessa de la Torre: 'El periodismo se me quedó corto para contar esta historia de amor y pandemia'

 
Vanessa de la Torre, en Bogotá, el 12 de febrero. Foto de Chelo Camacho.

Juan Estaba Lewin, El País. Por décadas, la periodista Vanessa de la Torre (Cali, 48 años) ha narrado guerras, elecciones y tragedias. Ahora ha cruzado una frontera que ella misma describe como “un precipicio”: la ficción, con su novela El olor del fin del mundo (Grijalbo). En medio de la pandemia, sintió que el periodismo -con sus límites de veracidad- ya no le bastaba para contar toda una historia. “Las fronteras del periodismo son las fronteras de la verdad”, dice. La directora del programa Dos Puntos explica en una charla con EL PAÍS que el texto sí inició con su trabajo como periodista, a partir de distintos reportajes que hizo sobre el covid-19: el encierro y sus efectos, el primer caso en Colombia, las familias empobrecidas que ponían pañuelos rojos en sus ventanas para señalar que sufrían hambre. “Todo lo que escribo sobre la pandemia realmente ocurrió: la tragedia, los muertos, la lucha en las unidades de cuidados intensivos, la forma como la muerte cambió la tecnología, cómo se atravesó nuestra cotidianidad”, resalta. “En medio de todo eso me cuestiono cómo hacer para que no quedaran solamente en los reportajes publicados. Y elijo un libro, porque lo único que creo que es inmortal realmente son los libros”, cuenta.


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Raquel Correa, entrevistadora implacable

Raquel Correa y Edgardo Boeninger durante el programa 'La entrevista de Raquel Correa'. CC Biblioteca del Congreso Nacional.

El País. Raquel Correa es recordada como la voz informada e inclaudicable de la radio o el rostro severo, nunca complaciente, de la televisión. Nunca, sin embargo, abandonó los medios escritos. A lo largo de su vida entrevistó a decenas de personalidades, tantas que si la décima parte de ellas acudiera a su funeral, “no cabrían ni siquiera en el Parque del Recuerdo”. Era aguda, directa y -como acota Wikipedia- “siempre controvertida”. Entre sus entrevistados memorables, mencionaba a la madre Teresa de Calcuta, pero obviamente el más llamativo fue Augusto Pinochet. Su mayor desafío profesional consistió en tener que ejercer en dictadura. “Los años del gobierno militar me marcaron profesionalmente -y como persona- muy hondo”, le confesó a la periodista Margarita Serrano.


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martes, 17 de febrero de 2026

Federico Bianchini, el periodista que estuvo 25 días atrapado en la Antártida

Federico Bianchini, en su viaje a la Antártida en 2014.

Juan Pedro Chuet-Missé, Redactor de Viajes National Geographic. Para Federico Bianchini, periodista argentino con una reconocida experiencia en el campo del periodismo narrativo, la Antártida era una espina clavada, esos sitios alimentados por la literatura fantástica, las historias de exploradores donde la tragedia marida con la épica, y los relatos escuchados desde la niñez. Movió cielo y tierra para poder hacer un reportaje sobre su experiencia en la base argentina Carlini, en las islas Shetland del Sur. Pero una vez que llegó allí, se encontró con un mundo nuevo.


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La Federación Internacional de Periodistas publica recomendaciones para regular el uso de la inteligencia artificial en el periodismo

Laboratorio de Periodismo. La Federación Internacional de Periodistas (FIP), junto con sindicatos y asociaciones de periodistas de todo el mundo, ha hecho públicas una serie de recomendaciones en las que solicita medidas ante el desarrollo y la aplicación de la inteligencia artificial (IA) en el ámbito informativo y plantea la necesidad de una regulación internacional y de garantías profesionales, éticas y laborales para los periodistas. El documento señala que la IA está transformando la industria informativa de forma profunda y que sus efectos sobre el trabajo periodístico serán relevantes. La FIP recuerda que los periodistas deben asegurar que su labor cumpla con la Carta Global de Ética para Periodistas y sostiene que los sindicatos desempeñan un papel central para encauzar el uso de estas tecnologías dentro de un marco regulatorio y económico adecuado.


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