Julia Chávez, Nelson Reasgos y Milena Almeida.
Julia Chávez, Facebook. Hoy se cumplen 6 meses de tomar una decisión que ha cambiado mi forma de ver la vida, el mundo, el propósito... la vocación. Hace 6 meses decidí destinar 8 horas diarias, de lunes a viernes, a ser docente de Ética, Pensamiento Universitario y Sostenibilidad en la Universidad Central del Ecuador en la nivelación de la FACSO. Son cerca de 200 personas de las 8.800 que se inscribieron en este período 2026-2026, los 200 están divididos en 5 cursos: 3 de comunicación y 2 de periodismo; mi cátedra es transversal... aquí no hay ni los unos, ni los otros, todo se alimentan del mismo conocimiento.
Hace algunos días conversaba con mis amigas, que a los 40 uno debería tomar un nuevo test vocacional, porque las pasiones van cambiando con los años, escenarios, los contextos y las decisiones que vas tomando... te invitan a ver la vida con otros ojos, a través de otras miradas.
Que si ha sido duro, a veces. Creo que uno de mis superpoderes y hoy lo puedo reconocer es ser versátil, recursiva y sobre todo mi poder de adaptación me ha llevado a grandes lugares y a ver que lo que no funcionó en su momento, no era para mi. Que si tomé malas decisiones, ¡obvio! y me duelen las que dejaron atrás a otras personas.
Pero ser profe, es algo que le está dando una parte de sentido a mi vida, porque te das cuenta que la vida no espera. Que todo lo que aprendí en el periodismo, en la comunicación corporativa, en el emprendimiento, en las empresas, en las políticas, comer en la calle el ceviche de valde y las ostras en aviones de lujo valieron la pena para poner sobre el escenario y en cada enseñanza y aprendizaje el corazón.
No he dejado de tener mi vida y mi cabeza como una computadora con 1000 pestañas abiertas, con una agenda apretada entre la U, El Búnker que tanto valoró, la iglesia, mi familia, mi vida, el amor, mi gato, los amiwis y un sinnúmero de cosas que me apasionan y cada vez descubro una nueva yo, que dice por aquí va la vida...
En este nuevo test vocacional solo espero que el poder de la palabra que me dio Dios de: transmitir, comunicar, enseñar, crear llegué con sabiduría, con amor (que tanta falta le hace a este mundo), que me permita ser más humana, que la otredad no se me pierda, que la supuesta empatía no se convierta en un arma de doble filo, que las aulas sean para cada cada joven su espacio seguro, su lugar para soñar, para crear, para verse fuera de las pantallas del celular y lejos de la construcción de la inteligencia artificial.
Solo quería contarles esta breve reseña de mis primeros 180 días, no sé si serán más... estaré donde tenga que estar. Pero por hoy, mi gratitud con la vida es grande, mis ganas de comerme el mundo no han cambiado... ahora tengo más ansias de saborear lo que es trabajar con pasión, intensidad y una gran dosis de conciencia social.
A los chicos, chicas y 'therians' que cada día se sientan en mi clase gracias por permitirme aprender de ustedes... en este tiempo me han dado una gran dosis de vida.
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