domingo, 19 de abril de 2026

¿De qué vive una persona en situación de periodismo?

 
Lucas Ospina, https://www.lasillavacia.com/.

Lucas Ospina, https://www.lasillavacia.com/. El 5 de febrero de 2026, The Washington Post despidió a 300 de sus 800 periodistas -un tercio de la redacción-. Entre los cesados: toda la corresponsalía en Oriente Medio, el enviado a Ucrania (en plena guerra) y toda la sección de deportes. Lizzie Johnson, corresponsal en Kiev, escribió: "Acabo de ser despedida en medio de una zona de guerra". El dueño, Jeff Bezos -dueño de Amazon y tercer hombre más rico del mundo-, decidió que 300 periodistas eran prescindibles. Los corresponsales le habían enviado cartas advirtiéndole que los despidos los conducirían "a la irrelevancia y luego a la extinción". Bezos no respondió.


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Noticias sin fuentes, la mala hierba en la Redacción

 
Soledad Alcaide, El País.

Cada vez más informantes exigen no ser identificados como condición para dar su testimonio, pero el exceso de celo en protegerlos incumple el deber de atribuir la información

Ocurre en el periodismo como con la maleza entre los cultivos: cuando no se cortan de raíz las malas prácticas, lo contaminan todo. En un periódico, la mala hierba es la imprecisión en el origen de las informaciones. Eso ocurre cuando, por un exceso de celo al proteger sus fuentes, el redactor utiliza muletillas que, pese a no aportar nada, pasan el filtro de la supervisión.

Como en esta aparente explicación en una noticia del jueves pasado sobre cómo el redactor conoció la reunión entre la presidenta de Madrid, Isabel Díaz Ayuso y María Corina Machado: “[Se verán] media hora antes de que la opositora venezolana se dirija a los convocados en la Puerta del Sol, según ha podido saber EL PAÍS”. El Libro de Estilo cita esta última frase como modelo de lo que “no puede sustituir a la referencia a una fuente”. En la web, se corrigió así: “Según ha confirmado el equipo de Ayuso”.

Normas. El manual exige que los periodistas citen una fuente siempre que no hayan estado en el lugar de los hechos que narran, ya sea un testigo presencial o un documento que explica los hechos. La regla general es que el reportero debe “esforzarse en huir de las fuentes anónimas y citar el nombre de quienes hablaron con él”. Pero en algunos ámbitos, como la política, los tribunales o las empresas, resulta una rareza porque los informantes exigen como condición permanecer en la sombra.

Anonimato. Carlos E. Cué, corresponsal político de EL PAÍS, lo explica en el cambio radical que han experimentado las esferas de poder. “El hiperliderazgo y la desaparición de los contrapoderes en la política han hecho que muy pocos se arriesguen a hacer declaraciones públicas”, explica.

En los partidos, recuerda, han desaparecido la crítica interna organizada y los reequilibrios territoriales: “En Vox hemos visto cómo han echado a los críticos y, si no, las formaciones tienen una forma más sibilina, que es expulsarlos de las listas electorales”. Esta ausencia de contrapesos ha extendido la obsesión por la seguridad ante posibles filtraciones. Cué describe cómo muchos políticos tienen activado el borrado automático periódico de los mensajes de WhatsApp.

Otro factor que influye es la fragmentación parlamentaria, que ha convertido a los socios de gobierno en un fiscalizador adicional de lo que cuenta la prensa. “Si escribo ‘fuentes del Gobierno’ en una noticia, puede ser utilizado en contra en una negociación”, explica Cué, quien recalca que la obsesión por el relato ha entrado a formar parte de los pactos políticos, donde se incluyen detalles de cómo se anuncian los acuerdos, quién emite el primer comunicado o dónde se pone el foco. “Cómo se cuentan las cosas se ha convertido en un acto político de primer orden”, señala. “Por eso ahora, para huir del relato controlado, a veces solo podemos trabajar con fuentes anónimas”.

Fórmulas. Para estos casos, el manual contempla que el lector reciba algún tipo de orientación: “Cuando no se puedan citar nombres, conviene huir de expresiones genéricas” como “según fuentes consultadas”, “fidedignas” o “dignas de crédito”. La mejor opción es usar aquellas que aproximen lo máximo posible el origen de la información, como “fuentes judiciales” o “del Gobierno”. Sobre todo, nunca deben aparecer como si fueran informantes quienes solo aportan opiniones.

“Fuentes conocedoras”. En las noticias sobre empresas resulta frecuente la atribución sin más a “fuentes conocedoras”, aunque nadie consultaría a quien desconoce el asunto que se trata. En la cobertura del cambio de presidencia en la compañía Indra, los artículos abusan de esa expresión: “La Moncloa se tuvo que conformar con proponer una presidencia no ejecutiva para conseguir así que el nombramiento saliese adelante, indican fuentes conocedoras”. El subdirector de Economía, Ricardo de Querol, admite que habría sido mejor citar “fuentes empresariales”.

Este mando también percibe un control cada vez más férreo de las grandes empresas sobre la información que hacen pública. “Facilitar información o documentos internos a un periodista fuera de los canales autorizados puede ser sancionado incluso con el despido”, explica. “Las sociedades cotizadas están sometidas, además, a la regulación de la Comisión Nacional del Mercado de Valores, que a menudo les pide explicaciones tras conocerse una noticia por los medios”.

Querol recuerda que la obligación del periodista es sortear los obstáculos, pero también, subraya, respetar el secreto profesional. “Debemos, sí, ser precisos en estas aproximaciones, sin traicionar la confianza de las fuentes que no quieren ser identificadas”, afirma. “Por este motivo nos referimos con frecuencia a fuentes “cercanas a la negociación”, “al tanto de la operación”, “del mercado” y otras fórmulas similares. El lector puede confiar en que son dignas de confianza, y que hemos contrastado la información de la forma más cuidadosa”.

Opacidad. En el ámbito judicial, explica Reyes Rincón, redactora de tribunales, la mayoría de las noticias parten de documentos oficiales. En ese aspecto, añade, en la última década ha mejorado la situación porque casi todos los órganos judiciales cuentan ya con gabinetes de prensa que facilitan el acceso a los escritos. Más difícil es obtener declaraciones públicas, porque jueces, fiscales y abogados tienen el deber de confidencialidad y pueden ser condenados por incumplirlo, como le ha ocurrido al ex fiscal general del Estado. “Es razonable que las fuentes pidan el anonimato, porque cuando te cuentan la deliberación de un tribunal están revelando secretos”, explica. “Pero a veces se abusa y se exige cuando no sería necesario”.

Rincón opina que “la condena al fiscal general del Estado ha hecho muchísimo daño al periodismo judicial”, porque se ha extendido la opacidad, justo cuando más facilidades existen para el bulo y los órganos judiciales podrían combatirlo con información.

Conclusión. Este es un debate sensible y de muchos matices. Las dificultades que explican estos periodistas no son un lamento por las trabas del oficio, sino un retrato social, que muestra el deterioro de la calidad democrática en algunas instituciones. Los mecanismos del poder que impiden con presiones internas la transparencia en las empresas, partidos políticos y tribunales atacan directamente al derecho a la información. Sortear estos obstáculos es un deber del periodista y en esa tarea no debe exponer a quienes se atreven a eludir el control de sus organizaciones. Pero desdibujar las fuentes confidenciales hasta hacerlas desaparecer es una falta de profesionalidad. Y eso también es un daño al derecho a la información, que pertenece, no a los periodistas, sino a los ciudadanos.


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sábado, 18 de abril de 2026

'Fui a vivir a la calle y sentí paz': el niño que cenaba té con chizitos, sufrió violencia doméstica y se convirtió en periodista

 
Alejandro Pueblas: "Siempre supe: que iba a trabajar en la tele".

Tatiana Schapiro, Infobae. Alejandro Pueblas viste saco y corbata. Luce camisas y camperas. Trabaja en televisión. Tiene su propio canal de streaming. Es periodista y conductor en América y A24. Pero lo que aparece en cámara es solo la superficie de quién es, de quién fue, de qué vida tuvo, de qué hizo con lo que le tocó. En la lotería de la vida, salió sorteado para nacer en Villa Elisa hace 38 años, hijo de un padre que lo abandonó en la infancia y de quien solo conserva el recuerdo de cuando lo golpeaba con una manguera, hija de una mujer que falleció cuando tenía nueve años, hermano de un hermano que le pegaba, cuñado de una cuñada que abusaba de él por las noches.


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Víctor Bautista: 'El periodista que no entienda la IA estará ciego, pero el que no entienda la ética estará desnudo'

 
Víctor Bautista: "El periodista que no entienda la IA estará ciego, pero el que no entienda la ética estará desnudo".

https://noticiassin.com/. El periodista y consultor estratégico Víctor Bautista advirtió este miércoles que la inteligencia artificial (IA) generativa ha redistribuido el poder narrativo en los medios de comunicación y que los periodistas que no dominen esa tecnología "estarán ciegos", aunque quienes la usen sin marco ético "estarán desnudos". Bautista, CEO de Mediáticos Consultores en Comunicación, intervino como conferencista en el III Congreso de Medios Digitales y Redes Sociales organizado por la Fundación del Círculo de Medios Digitales y Redes Sociales (FUCIMDRES), celebrado en Santo Domingo bajo el lema "Transformando la narrativa informativa con inteligencia artificial".


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Gabriel García Márquez: el periodista que nunca dejó de mirar

 
Gabriel García Márquez firmando autógrafos. Foto en dominio público vía Wikimedia Commons.

Adán Fulgor, Tiempos de San Diego. El 17 de abril se conmemora un año más de la muerte del escritor colombiano Gabriel García Márquez, premio Nóbel de Literatura y autor de Cien años de soledad, uno de los libros más influyentes de la literatura latinoamericana. "El periodismo es el género más importante de la literatura contemporánea. No hay nada que se le parezca en cuanto a frescura, veracidad y belleza". Gabriel García Márquez dijo esto en 1981, en una entrevista para Playboy. Ya había publicado Cien años de soledad. Ya era un mito. Pero seguía pensando como el corresponsal que a los veintitrés años se subió a un avión para cubrir el terremoto de Chile. Llegó antes que el ejército. No tenía credenciales, no tenía un medio donde publicar, no tenía nada. Solo una libreta y la convicción de que la historia no la cuentan los que llegan tarde.


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Del viejo periodismo al nuevo

Santiago Villa, columna de El Espectador.

El Espectador. “El viejo periodismo ha muerto y aún no ha nacido el nuevo”, se titula una mesa redonda organizada por el movimiento cultural La Casa de los Libros, y en los que participarán veteranas profesionales del “viejo periodismo”, que participan además de la transición hacia un “nuevo periodismo”, y un exponente del “nuevo periodismo”.

 Para saldar el problema de definiciones, digamos que el “viejo periodismo” es el periodismo que se publica en periódicos físicos y revistas, o sale al aire en televisión y radio, que depende de procesos editoriales piramidales, en los que un consejo de redacción y grupo de editores hace de filtro para el trabajo de los reporteros, con el director como timonel del bote, y generalmente dueño de la última palabra con respecto a su rumbo. Al “viejo periodismo”, además, casi siempre lo financian familias adineradas o grupos empresariales.

Creo que el “viejo periodismo” tiene un enorme valor, y en otra columna podría argumentar por qué el debilitamiento de las democracias en el mundo es en parte consecuencia de la crisis del “viejo periodismo”. Sin embargo, estamos ante una práctica que, por motivos tecnológicos, financieros y de captación de audiencia, lleva más de dos décadas en crisis.

No puedo hablar por los panelistas del evento que tendrá lugar el 24 de abril, pero que no haya nacido un “nuevo periodismo” se debe más a motivos de poca financiación y de nuevo, captación de audiencia, que a falta de invención. Esta afirmación podría matizarse, para argumentar que la audiencia podría captarse mejor por un periodismo que innovara más en su forma, pero para el espacio que nos queda, llamemos la atención sobre el “nuevo periodismo” de alta calidad, accesible a cualquiera que entre a la página web que lo alberga.

Durante la última década ha surgido un dinámico periodismo que viró hacia salas de redacción pequeñas, con publicación en línea, financiada en buena parte con subvenciones de organizaciones internacionales, y que ha marcado la línea del periodismo investigativo durante los últimos años. Pienso en El Centro Latinoamericano de Investigación Periodística, en Cuestión Pública y Vorágine, por nombrar sólo a tres de los tantos que podrían componer esta lista.

Otros periodistas escogen caminos un poco más íntimos y de conexión directa, de individuo a individuo, con su audiencia. Hay una generación de periodistas formados en las técnicas del viejo periodismo que, por limitaciones del mercado laboral y de las exigencias de tiempo y dinero que involucra, por ejemplo, iniciar una familia, busca espacio propio.

Se pueden encontrar ejemplos recientes de esta exploración principalmente en la red social Substack, que se ha convertido en la plataforma para albergar, y en el mejor de los casos, sostener económicamente a propuestas individuales. Similar a lo que antes era un blog, Substack les permite a los periodistas establecer relaciones directas con la audiencia al tiempo que publican contenido escrito a un ritmo, estilo y extensión que les permita el contexto individual de sus vidas.

El Substack de Verónica Ucrós Aldana, quien ha publicado en los principales medios colombianos del “viejo periodismo”, comenzó hace dos meses y es un espacio de publicación con tiempos pausados, una vez al mes, para textos y videos masticados, pulidos y de alta relevancia periodística.

La primera publicación de Ucrós, en febrero, exploró con agudeza y con una atención que no he visto en ninguna otra publicación, la situación actual del hijo de Nicolás Maduro tras la captura de su padre. Su segunda publicación, en marzo, es una entrevista con Luisa Fernanda Isaza, abogada de libertad de expresión que trabajó en la Fundación para la Libertad de Prensa y que también tiene su propio Substack. La tercera entrega de Ucrós saldrá en los próximos días. Hay que estar atentos.


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Cuando el periodismo se queda sin suelo

César Ricaurte, Fundamedios.

La Hora. Esta semana, Fundamedios publicó un informe con un título exacto para el momento ecuatoriano: “Entre la intemperie y la captura”. No describe una simple transición tecnológica de los medios, sino algo más grave: el deterioro de las condiciones materiales, profesionales y democráticas que hacen posible el periodismo. El informe fue difundido el 14 de abril de 2026 y su tesis central merece ser tomada en serio: en Ecuador no solo están cambiando los soportes; se está degradando el ecosistema que permite informar con libertad. Durante años se habló de la “transformación digital” con un tono casi optimista: adaptación, convergencia, nuevas audiencias, innovación. Esa prosa fue útil para maquillar la caída. Lo que ha ocurrido en realidad se parece menos a una modernización y más a una pérdida sostenida de músculo profesional, financiero y territorial. El viejo modelo de negocio se resquebrajó, las plataformas capturaron atención e ingresos, y los medios quedaron con menos recursos, más urgencia y menos margen para sostener redacciones robustas.


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