viernes, 27 de marzo de 2026

Ecuador: La FIP repudia el atentado contra el periodista José Vinces Oviedo

José Vinces Oviedo. Foto: redes sociales.

https://www.ifj.org/. La Federación Internacional de Periodistas (FIP) manifiesta su rechazo ante el ataque armado sufrido por el periodista José Vinces Oviedo en la ciudad de Huaquillas, provincia de El Oro. El comunicador fue emboscado mediante una pista falsa sobre un supuesto hecho delictivo, una modalidad de ataque que pone en evidencia el riesgo extremo que enfrenta la prensa en las zonas fronterizas de Ecuador. El ataque contra José Vinces Oviedo ocurrió el 17 de marzo en las inmediaciones de un cementerio de Huaquillas, en la frontera con Perú. Fue atraído al lugar mediante información engañosa que aseguraba la existencia de pruebas de un doble asesinato. Sin embargo, al llegar, personas desconocidas en una motocicleta abrieron fuego hiriéndolo de gravedad.


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El caso Nos Faltan 3 marcó un precedente en la historia del periodismo ecuatoriano

 
Imagen del equipo periodístico cuando fue secuestrado por el Frente Oliver Sinesterra, que era dirigido por alias Guacho. (Foto: Captura de video).

La Hora. Este 26 de marzo de 2026 se cumplieron ocho años del secuestro y posterior asesinato de del periodista Javier Ortega, el fotógrafo Paúl Rivas y el conductor Efraín Segarra. El 26 de marzo de 2018, el equipo periodístico fue retenido por el Frente Oliver Sinisterra (FOS) con su entonces cabecilla, Walter Arizala, alias Guacho. En el caso Nos Faltan 3 en Ecuador no ha habido avances jurídicos. Pero, desde ese momento, la violencia contra los periodistas aumentó en el país. En 2025 se registraron cinco asesinatos a periodistas.


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jueves, 26 de marzo de 2026

Capacitación en seguridad fortalece el ejercicio periodístico en Ecuador

 
Este taller especializado en seguridad periodística se realizará en Quito este fin de semana del sábado 28 y domingo 29 de marzo.

El Comercio. El Consejo de Desarrollo y Promoción de la Información y Comunicación impulsa una capacitación en seguridad para periodistas en Ecuador. Así consolida una estrategia institucional que fortalece el ejercicio profesional. Este taller especializado en seguridad periodística se realizará en Quito este fin de semana del sábado 28 y domingo 29 de marzo. Está enfocado en mejorar las competencias de comunicadores frente a escenarios de riesgo, promoviendo herramientas prácticas para coberturas seguras y responsables en el país.


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miércoles, 25 de marzo de 2026

Caricaturista Bonil abandona Diario El Universo tras 31 años: 'Donde me lleve mi pluma'

Bonil se despide de diario El Universo. (Foto: archivo).

Revista Vistazo. El caricaturista Xavier Bonilla, más conocido como ‘Bonil, se despidió de Diario El Universo tras laborar 31 años en ese medio de comunicación. “Todos tenemos nuestras propias visiones. Cada quien tiene su rumbo. Y yo tengo el de siempre: donde me lleve mi pluma”, escribió en su cuenta de X al anunciar su salida. Revise también: Diario El Universo cambia de dueños tras más de 100 años en manos de la familia Pérez. Su última caricatura fue publicada este martes, 24 de marzo, en la que se observa un bolígrafo con alas.


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Expreso. El reconocido caricaturista Xavier Bonilla, mejor conocido como Bonil, rompió el silencio tras su salida de diario El Universo. El artista detalló cómo la censura de sus dibujos sobre temas sensibles (como el gobierno de Daniel Noboa y la situación de GRANASA) precipitó su renuncia. El incidente coincide con la adquisición del medio por parte del grupo Integra Capital, marcando un giro inesperado en la trayectoria del comunicador más influyente del humor gráfico en Ecuador.

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NOTA EDITORIAL: Después de más de tres décadas trazando con agudeza la realidad desde nuestras páginas, hoy despedimos a Bonil, no por una ausencia impuesta, sino por una decisión suya y libre. Su talento queda como parte imborrable de la historia de este Diario. Buena suerte en los nuevos caminos.

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Cuando el poder compra el silencio

 
María Sol Borja, periodista ecuatoriana.

Primicias. Nos encanta el periodismo valiente, ese que desentraña tramas de corrupción, indaga en el crimen para entender cómo se pudre el sistema o confronta con el micrófono a los personajes más oscuros de la política.

Nos encanta compartir el link, indignarnos en redes sociales y exigir que “alguien” haga algo. Pero esa valentía no depende solo de quien la ejerce, sino de las condiciones en las que ese periodismo intenta sobrevivir.

Porque hacer periodismo incómodo siempre ha tenido costos. Pero esos costos se disparan cuando el poder que se cuestiona no es sólo político, sino también económico.

Ahí es donde el terreno deja de ser simplemente hostil y se vuelve desigual.

Y ese no es un escenario hipotético.

Hoy, en Ecuador, esa concentración es cada vez más evidente. La figura de Daniel Noboa no solo encarna el poder político, sino también una estructura económica que amplifica su capacidad de influencia y aunque es algo evidente, quizás la mayoría no ha medido su impacto en la democracia.

Si algo incomoda al poder político, este puede presionar. Pero cuando ese mismo poder tiene, además, la capacidad económica -directa o indirecta- de incidir en medios, en la pauta publicitaria, en las relaciones empresariales y en los incentivos del ecosistema mediático, la presión va por todos los flancos.

Esto no pasaba durante el correísmo, en donde sí hubo una confrontación abierta con la prensa y posturas claramente autoritarias, pero existían sectores económicos y mediáticos con suficiente autonomía para ejercer contrapeso. Ese equilibrio tenso e imperfecto permitía que ciertas voces resistieran. Hoy, ese espacio es mucho más estrecho.

No hablemos de eso

En ese contexto, la salida de Bonil de El Universo -ejemplo de resistencia en aquella década de confrontación-, sumada a la de otros columnistas, deja de ser una anécdota interna. Es otra señal. Y se vuelve aún más relevante cuando ocurre en medio de cuestionamientos sobre la opacidad en la compra del medio.

Porque cuando no se sabe con claridad quién está detrás, cuáles son los intereses en juego o qué vínculos existen con el poder, lo que está en discusión no es una operación empresarial más. Es la independencia de uno de los actores clave en la construcción del debate público.

En ese contexto, lo que empieza a proliferar no es el periodismo, sino su caricatura.

Aparecen “medios” y voces que no buscan fiscalizar, sino congraciarse con el poder. Ese nivel de subordinación abierta no era habitual. Lo que vemos hoy no es solo la ausencia de un contrapeso periodístico desde lo mediático, sino la presencia de espacios que en lugar de incomodar al poder, lo protegen.

No es casual

Cuando el poder político y el económico se concentran o se alinean, el margen para la disidencia se reduce drásticamente.

El gobierno que quiere periodistas domesticados

Ya no se trata solo de presiones directas, sino de un ecosistema que se reconfigura: medios que evitan incomodar para no perder pauta, empresas que prefieren no asociarse con voces críticas, periodistas que entienden -explícita o implícitamente- cuáles son los límites.

El resultado es un blindaje más sofisticado que la censura abierta, porque no necesita imponerse: se instala silenciosamente. Y así, lo que antes encontraba resistencia en distintos frentes hoy circula con mucha menos fricción y confunde: lo que parece periodismo ya no necesariamente lo es.

A estas condiciones se suma otro factor menos visible, pero igual de determinante: el debilitamiento de los organismos internacionales que antes funcionaban -con mayor o menor eficacia- como instancias de presión y resguardo para periodistas y medios. Hoy ese paraguas es mucho más frágil.

Y en ese escenario, el periodismo que se exige -el que investiga, incomoda y confronta- ya no depende solo de quienes lo ejercen. Depende también de quiénes están dispuestos a sostenerlo.

De élites que entiendan que no pautar en espacios críticos también es tomar partido. De audiencias que no consuman información como un producto desechable y estén dispuestas a financiar el periodismo independiente. De una sociedad civil que no mire hacia otro lado cuando el poder aplasta a las voces críticas.

Porque si esas decisiones no se toman, el resultado no será un periodismo distinto. Será, simplemente, un periodismo inexistente.


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A 49 años del asesinato de Rodolfo Walsh, el periodismo recuerda su legado y reivindica a sus trabajadores desaparecidos

 
Rodolfo Walsh, periodista y escritor argentino.

Señales. Hoy se cumplen 49 años del secuestro y asesinato de Rodolfo Walsh, periodista y escritor de enorme compromiso con la información, a la que concebía como un instrumento de conocimiento y, además, como una herramienta capaz de organizar y articular lo social y lo político. Ese compromiso atravesó su apasionado trabajo en distintas redacciones y sus rigurosas investigaciones, que dieron sentido a la elección del 25 de marzo como el Día de las y los Trabajadores de Prensa. Walsh era ya un periodista y escritor reconocido, pero también perseguido al momento del golpe del Golpe de Estado en Argentina de 1976. Un año después, su profunda reflexión política sobre el horror y el significado de la dictadura quedó plasmada en la Carta Abierta de un Escritor a la Junta Militar, una pieza en la que datos y narrativa se conjugan con maestría, logrando trascender el paso del tiempo pese a que ningún medio la publicó en su momento.


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Señales. El 25 de mayo de 1938 los trabajadores y trabajadoras de prensa de todo el país reunidos en Córdoba aprobaron el proyecto de lo que años más tarde, el 25 de marzo de 1944 se sancionaría por decreto como el Estatuto del Periodista Profesional. Dos años después, el Congreso de la Nación sancionó la ley 12.908, que a lo largo de los años tuvo múltiples modificaciones. En su larga historia, el Estatuto del Periodista y el del Empleado Administrativo son el resultado del debate y la construcción colectiva y transversal de todos los sectores del periodismo y de la política: quien primero lo impulsó fue el periodista y diputado radical Víctor Guillot, lo promovieron los socialistas, lo sancionó Perón y lo promulgó como ley el Congreso de la Nación, aunque luego tuvo transformaciones, como la incorporación de la radio y la televisión o, durante el gobierno de Arturo Illia, cuando se introdujo la indemnización especial como una protección del empleo para garantizar la libertad de expresión.

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martes, 24 de marzo de 2026

El periodismo en la era de las redes sociales

La formación ética de los periodistas se vuelve un elemento fundamental para garantizar información veraz.

https://periodistas-es.com/. El periodismo siempre ha tenido que adaptarse a los cambios tecnológicos, desde la imprenta y las rotativas, hasta la radio y la televisión. Hoy, la transformación más evidente llega de la mano de Internet y, sobre todo, de las redes sociales. Plataformas como Facebook, Twitter, TikTok o Instagram se han convertido en espacios donde se consumen y comparten noticias de manera casi instantánea. De hecho, hay estudios que afirman que los medios de comunicación que no estén presentes en las redes sociales están avocados al fracaso. Es cierto que la sociedad actual está inmersa en la era de la digitalización, donde absolutamente todo pasa por Internet: desde el comercio online, las plataformas de streaming para ver películas o series; y hasta los juegos de tragaperras en casinos online. El ocio y el trabajo están en Internet.

Las redes sociales han democratizado el acceso a las noticias. Cualquier usuario puede publicar, comentar o compartir información en tiempo real. Esto ha supuesto una revolución en la forma de consumir contenido, especialmente entre los jóvenes, que cada vez recurren menos a medios tradicionales. Sin embargo, esta democratización también ha traído consigo desafíos significativos para el periodismo. Los profesionales de la comunicación ahora juegan un papel vital en la sociedad: informar y ayudar a la población a saber diferenciar información de desinformación.

La velocidad frente a la veracidad

En la era digital, la rapidez con la que se difunden las noticias se ha convertido en un factor determinante para los medios y los lectores. Las redes sociales permiten que cualquier información viaje de manera casi instantánea a millones de personas, generando una sensación de inmediatez que antes solo existía en casos excepcionales bajo el título de "última hora". Ahora todo es "última hora" y "exclusiva", entrando en una pelea invisible por ver qué medio de comunicación es capaz de subir antes la noticia en vídeo en sus redes sociales.

No hay ninguna duda que las redes sociales y la inteligencia artificial forman una nueva era de la información y que el periodismo ha evolucionado a pasos agigantados en la última década.

La presión por ser los primeros en publicar puede hacer que algunos medios reduzcan los tiempos de verificación, aumentando el riesgo de errores que luego se rectifican o incluso las famosas fake news. Esto no solo afecta la credibilidad de los medios, sino que también puede influir en la opinión pública y generar confusión. Para los lectores, se vuelve imprescindible desarrollar un pensamiento crítico y aprender a identificar fuentes confiables, contrastando la información antes de compartirla.

La velocidad no es inherentemente negativa; puede ser una herramienta poderosa si se combina con rigor y responsabilidad.

El papel del periodista hoy en día

En la era digital, el papel del periodista se ha vuelto más complejo y exigente que nunca. Ya no se trata solo de informar sobre hechos, sino de ofrecer contexto, análisis y verificación rigurosa ante un flujo constante de noticias que circulan por redes sociales y plataformas digitales. La profesionalidad exige filtrar información, contrastar fuentes y diferenciar entre datos verificables y rumores.

Además, el periodista actual debe adaptarse a nuevos formatos multimedia, comprender algoritmos que determinan la difusión de noticias y conectar con audiencias que consumen información de forma rápida y fragmentada. Su labor es esencial para garantizar que la información que llega al público sea fiable y comprensible, contribuyendo a la formación de una ciudadanía crítica.

¿Qué necesita el periodista?

El periodismo en la era de las redes sociales es un terreno complejo, lleno de oportunidades y desafíos. La democratización del acceso a la información ha cambiado la forma en que nos relacionamos con las noticias, pero también ha puesto a prueba la capacidad de los lectores para saber diferenciar lo verdadero de lo falso. Ahora el periodismo es un poco tarea de toda la población, que siempre debe replantearse la información que recibe y lee.


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Manuel Joao Filomeno Nuñez, https://unifranz.edu.bo/. En un ecosistema informativo marcado por la inmediatez, las redes sociales y la circulación masiva de contenidos, la credibilidad del periodismo enfrenta uno de sus mayores desafíos. En este contexto, la formación ética de los periodistas se vuelve un elemento fundamental para garantizar información veraz, proteger la dignidad de las personas y mantener la confianza del público en los medios de comunicación.

Para Jannette Jacobs, directora de la carrera de Periodismo de la Universidad Franz Tamayo, el periodismo tiene un rol esencial frente al avance de la desinformación en entornos digitales. “De todas las luces que va encendiendo el periodismo en el desarrollo diario de la noticia, el de investigación es el más potente porque pone al descubierto los intereses que hay detrás, desde la fabricación de una noticia, hasta la desinformación a través de las redes sociales”, afirma.

En la era digital, donde cualquier usuario puede difundir contenidos y opiniones en cuestión de segundos, la formación ética se convierte en una guía para distinguir entre información responsable y contenidos que buscan manipular o generar impacto sin verificar los hechos. En ese sentido, los especialistas coinciden en que la ética funciona como un marco que orienta las decisiones profesionales en situaciones complejas.

Jacobs destaca que el periodismo de investigación, una de las áreas más exigentes del oficio, requiere una combinación de método, rigor y compromiso ético para sostener su credibilidad. “El periodismo de investigación, por definición, es riguroso en toda la obtención y procesamiento de la información y toma tiempo”, explica, al subrayar que la verificación y el análisis profundo son esenciales para evitar errores o manipulaciones.

Este rigor resulta especialmente importante en un contexto donde la presión por publicar primero puede afectar la calidad del trabajo periodístico. La ética, en ese sentido, obliga a priorizar la veracidad sobre la velocidad, incluso cuando las audiencias demandan información inmediata.

Para los profesionales del sector, la ética también implica responsabilidad social. El periodista Marcelo Miralles advierte que el ejercicio del periodismo debe sostenerse sobre principios claros. “Uno de los aspectos más importantes dentro del periodismo es mantener la ética incólume”, señala, al considerar que este valor es uno de los pilares de la profesión.

La formación ética también influye en la forma en que los periodistas abordan temas sensibles o el tratamiento de las personas involucradas en una noticia. Mostrar imágenes de víctimas, exponer la intimidad de las personas o difundir contenidos sin contexto puede generar daño social y debilitar la confianza en los medios.

En esa línea, el periodista y presentador John Arandia enfatiza que el trabajo informativo debe basarse en valores que prioricen el respeto. “Los principios y valores que te han enseñado en casa, como el respeto hacia los demás, son fundamentales”, señala. A su juicio, una pregunta clave para el ejercicio del periodismo es reflexionar sobre el impacto de la información en la vida de las personas y en la sociedad.

La ética periodística no solo se relaciona con normas profesionales, sino también con la formación personal del periodista. El investigador Luis Ramiro Beltrán definía la ética periodística como la conducta profesional basada en la adhesión a la verdad, la equidad y el respeto por la dignidad humana.

En el entorno digital actual, donde proliferan las noticias falsas, el sensacionalismo y la presión por el rating o los clics, estos principios adquieren mayor relevancia. La credibilidad del periodismo depende cada vez más de la capacidad de los profesionales para verificar información, contextualizar los hechos y actuar con responsabilidad frente a sus audiencias.

Por ello, la formación ética -tanto en las universidades como en el ejercicio profesional- se convierte en una herramienta clave para fortalecer el periodismo. Más allá de la tecnología o las plataformas, el futuro de la profesión seguirá dependiendo de un principio fundamental: el compromiso con la verdad y el interés público.

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