Moisés Caicedo, volante de Ecuador, durante una acción de juego ante Alemania, el jueves 25 de junio de 2026 en Nueva Jersey.- FotoX de La Tri.
Pablo Campos, Primicias. La Selección nacional acababa de tumbar a la gigantesca Alemania. En las gradas, el llanto se mezclaba con manos que se elevaban al cielo, como si la multitud atravesara un trance místico. Los policías que custodiaban la cancha y los fotógrafos internacionales se miraban entre sí, extraviados. Aquella melodía, cargada de una nostalgia indescifrable para ellos, lo inundaba todo. La marea amarilla expandía su aura; nadie en el recinto que recibirá la final del Mundial 2026 lograba escapar de ese magnetismo indomable, de ese furioso sentimiento de pertenencia.
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