En la fotografía, que tomó mi hija Natalia, de izquierda a derecha, están: Roque Guillermo, Gael, Roque Eudaldo y Roque Alejandro.
El periodismo nos enseña a observar el mundo con distancia, pero hay días en que la vida nos pide, simplemente, dejarnos conmover. Este Día del Padre lo celebré desde la certeza y el afecto, rodeado por mis hijos, mi esposa y con la alegría de tener cerca a mi nieto, Gael.
Nos reunimos en torno a una cangrejada. Quienes me conocen saben que para mí, sentarse a la mesa no es un acto rutinario; es un ritual de complicidad donde la prisa se detiene y la palabra toma protagonismo.
Mientras compartíamos, fue inevitable recordar a mi propio padre y las dos grandes lecciones que me dejó: el amor por el campo y la importancia de socializar la comida, recordándome que el alimento solo cobra sentido cuando se comparte con los demás.
Quiero aprovechar este espacio para enviar un abrazo fraterno a mis colegas, a mi familia y a mis estudiantes.
A quienes leen estas líneas, les dejo una invitación: si tienen a su padre al lado, abrácenlo y compartan con él sin mirar el reloj; si ya no está físicamente, dense un momento hoy para repasar sus enseñanzas y recordar que, mientras los honremos en la memoria, jamás se habrán ido del todo.
¡Feliz día para todos!
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