Foto: Ahmet Kurt / Unsplash.
Tatiana Escárraga, https://fundaciongabo.org/. En un pasado ya muy lejano solía decirse que los periodistas, o mejor, los reporteros, eran lobos solitarios que se pasaban la vida cazando historias salvajes que desnudaban al poder, tumbaban presidentes y hacían temblar al establecimiento. Bob Woodward y Carl Bernstein con su archifamoso caso Watergate, que desencadenó la renuncia del presidente Nixon en Estados Unidos. Kapuscinski, el intelectual, el aventurero. Gay Talese y su Nuevo Periodismo, Hunter S. Thompson y su Periodismo Gonzo. Alma Guillermoprieto, la gran corresponsal que podía tomarse entre seis meses y un año para narrar una historia de largo aliento sobre algún país latinoamericano del que poco habían oído hablar los estadounidenses.
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