sábado, 16 de junio de 2018

A mi padre


PADRE, ¿DÓNDE ESTÁS? Te busco en todas partes, en cada espacio, en cada objeto que palpaste, te busco en mi sueños, pero no te veo. No veo tu cara, tu cuerpo grande y ya desgastado, ya con medio siglo...

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María Scherer.- Desde hace muchos años supe que algún día estaría sentada aquí, mordiéndome las uñas mientras escribía este texto. Lo temí apenas lo advertí...

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Hace poco me preguntaste por qué digo que te tengo miedo. Como de costumbre, no supe darte una respuesta, en parte precisamente por el miedo que te tengo, en parte porque para explicar los motivos de ese miedo necesito muchos pormenores que no puedo tener medianamente presentes cuando hablo...

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Roque Eudaldo, autor del texto; mi padre Roque Vicente Rivas Vera y mi hijo Roque Alejandro.

¡Papá...!

Vivió 76 años y todos los dedicó a la agricultura. Por la práctica obsesionada de este oficio estableció una relación sabia y entrañable con la naturaleza. Usó siempre métodos ancestrales. Sabía cómo mantener los terrenos y nunca usó los agroquímicos.

Guiado por la luna conocía cuándo sembrar para asegurar una cosecha extraordinaria y cuándo cortar la madera para que nunca se apolillara. En sus propiedades hay viviendas construidas hace más de cincuenta años y está en perfecto estado. Fue un trabajador descomunal. Su jornada fue más allá de seis a seis.

Era realmente incansable. Tuvo seis propiedades. En ellas mantuvo cultivos de pastizales, cacaotales, cafetales, platanales y frutales. Mantuvo casi siempre más de cien cabezas de ganado res, con un promedio de 40 vacas paridas. También caballerizas, chancheras y gallineros. Nunca le faltó alimento para mantener a su numerosa prole. Fue, además, un guía espiritual y ético descomunal. Toda su vida practicó una honradez acrisolada con el ejemplo. En la zona fue considerado un gran líder.

Fue también gran conversador. Compartió a la mesa con sus hijos donde les hablaba de valores. En esos tiempos felizmente no había la televisión que cortó la comunicación familiar.

El vivió entre 1924 y el 2000, pero al final de sus años fue afectado por el mal de Parkinson, una enfermedad que fue arrastra hacia los recuerdos del pasado. Sus últimos años vivió una especie de alucinaciones. Desde el balcón de su casa decía que veía sus caballos y su ganado. Hoy mi homenaje para ese gran papá...

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La Crónica.- Mi padre era un gigante en mi vida, un gigante de dimensiones épicas, que es el tamaño que tiene el mundo en la infancia…

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