Maritza Aristizábal Quintero, periodista colombiana.
La República. Cuando era niña, veía a los periodistas como héroes. Eran quienes hacían las preguntas que nadie más se atrevía a hacer. Los que se metían donde había miedo. Los que contaban lo que pasaba, incluso cuando incomodaba. No se medía tanto el riesgo porque la sociedad protegía. Los que, por encima de las balas y las bombas, escribían las historias. Hoy, esa imagen se está rompiendo. No porque el periodismo haya dejado de ser necesario, sino porque se ha vuelto blanco. Blanco de ataques, de prejuicios, de desconfianza, de la polarización, de las redes sociales, de la desinformación y de las trincheras ideológicas que han ido erosionando la credibilidad del oficio y, lo más grave, han ido deshumanizando a quienes lo ejercen.
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