José Tejada Gómez, Santo Domingo. La industria del periodismo no está simplemente en crisis; está en una metamorfosis obligatoria. No es un secreto que el suelo se ha movido bajo los pies de los editores tradicionales. Lo que antes funcionaba -el modelo de suscripción rígido o la dependencia absoluta de la publicidad- hoy se queda corto frente a una audiencia que ya no busca la noticia, sino que se la encuentra en un vídeo de TikTok, un hilo de redes sociales o un podcast mientras viaja al trabajo. El desafío es mayúsculo: los consumidores, especialmente los más jóvenes, han desplazado su confianza hacia creadores nativos digitales. ¿Por qué? Porque buscan autenticidad. En un mar de información saturada, el público conecta con voces que sienten cercanas, humanas y de primera mano. Esta realidad ha forzado a los medios a una competencia feroz por el recurso más escaso de nuestra era: la atención.
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