Ivonne Guzmán, periodista.
Primicias. Romantizado y vilipendiado en proporciones casi iguales, el periodismo sigue vivo -sobreponiéndose a los peores embates-, probando que es indispensable. Le pese a quien le pese. Hablo del periodismo que se ejerce desde la decencia, la honestidad intelectual (y de la otra), el sentido de la justicia y con una vocación de servicio que nada tiene que ver con el figuretismo ni la vida de artista, tiktokero o influencer. Su gran poder: dar a conocer aquello que es de interés público que personas poderosas y retorcidas no quieren que se conozca, para que no se evidencien su ruindad y sus delitos. Lo lleva haciendo desde que existe -en su versión más parecida a la actual-, más o menos desde el siglo XIX. Y parece que, contra todo pronóstico, lo seguirá haciendo, sin importar cuántos troles de carne y hueso o provenientes de una granja de bots quieran acabar con él; ni cuánto contenido genérico producido con Inteligencia Artificial pretenda reemplazarlo; o cuántos dictadores y dictadorzuelos, en su infinita angurria, quieran sacárselo de encima, con todo tipo de argucias.
***

No hay comentarios:
Publicar un comentario