Al cerrar este año y asomarnos al 2026, es inevitable detenerse a mirar el camino que hemos recorrido juntos. A ustedes -mi familia, amigos, estudiantes y colegas- quiero darles las gracias de corazón por recordarme cada día que el periodismo no es solo un oficio, sino un acto de fe compartido.
Vivimos tiempos donde todo parece girar más rápido de lo que podemos procesar. En este mundo donde la inmediatez amenaza con devorar la profundidad, el periodismo se vuelve más necesario que nunca; no como un simple transmisor de datos, sino como un verdadero ejercicio de humanidad. Ser periodista hoy es un acto de resistencia: es elegir la luz de los hechos frente a la oscuridad de la indiferencia.
Por eso, les pido a mis estudiantes que nunca dejen morir la curiosidad que los trajo hasta aquí. Brindo con mis colegas por nuestra hermandad en este camino de palabras y agradezco profundamente a mi familia y amigos por ser el refugio donde descanso cuando la realidad pesa demasiado.
Mi deseo es que estas fiestas nos regalen una pausa para conectar de nuevo. Que el 2026 nos encuentre con la mente lúcida para entender el mundo y el corazón abierto para saber contarlo. Que nunca nos falte una buena historia que perseguir, ni un lector apasionado, como lo son ustedes, al otro lado de la pantalla.
¡Felices fiestas y un extraordinario año nuevo!
Sigamos escribiendo, preguntando y creyendo.





















