Andersson Boscán.
Hugo el búho, Facebook.Sí. Es un periodista de oficio. Ajá. Investiga, entrevista, escribe muy bien, es un tipo inteligente, carismático, lanza dardos constantes al poder. Ha sido protagonista de casos emblemáticos, como Encuentro (el gran Padrino) y Metástasis. Ha sido perseguido y quisieron terminar con su vida. Por eso hoy está en Canadá.
Fue el periodista estrella de La Posta, medio que fundó junto a Luis Eduardo Vivanco. Boscán era el cerebro periodístico de ese medio; Vivanco un buen empresario, con muchos seguidores, pero hacía muy poco periodismo: era puro show, cervezas en vivo, chistes agrios y palabrotas. De todas maneras, lograron innovar para convertirse en el medio digital más exitoso del país, con cerca de 500.00 seguidores en X y una presencia importante en Facebook, Instagram y Tik Tok. Todos seguían a la Posta, así sea para insultarlos. Ese par de boinas impusieron una marca y una tendencia en el país.
Boscán ha ido moderando ciertos arrebatos de sus inicios. Como aquel de los dardos a Iza en el paro de octubre del 2019. Alguien le dijo, posiblemente su esposa, Mónica Velásquez, también periodista, que eso era racismo puro y duro, y que era una muestra de no entender al movimiento indígena ecuatoriano. Y así con otros temas. Con errores y aciertos, el balance para La Posta fue positivo.
Hasta que…
Hasta que alguien les hizo un guiño de un millón de dólares. Al parecer, la ambición les ganó. Ya no importaba la ética ni la responsabilidad con sus seguidores. Un millón le nubla la razón a cualquiera. Y sí, era un negocio. Tenían toda la potestad de hacer con él lo que se les cantara.
Y se les cantó.
Un angelito de ADN, asambleísta alterno, llamado Luis Alvarado Campi, compró La Posta y Radio Centro por 2.6 millones de dólares. Un millón costó la Posta. Luis Eduardo Vivanco dijo en días posteriores a la compra que sí, que vendieron, y que es negocio, y que así son los negocios, algo así. Y remató con que le ofrecieron que su línea editorial sería respetada. Ni ellos se creyeron ese cuento. Y pensaron -por un instante- que su audiencia era estúpida. Obvio que detrás de esa compra estaba Noboa y su people. Había que bajarle rating a La Posta. Mucho jodían. Hay que anular a los medios críticos y hacerse de los halagadores para que sigan halagando.
Lo extraño es que, obviamente, ellos sabían quién era el comprador (único accionista de la empresa Galamedios, y que su Gerente es Víctor Guvernali Escudero, suegro de la segunda vicepresidenta de la Asamblea Nacional, Michell Mancheno, made in ADN). Claro que lo sabían, porque son buenos investigadores; indagaron quién era el personaje, y por supuesto, revisaron sus cuentas y cuánto reportaba al SRI. Boscán sabía que el patrimonio declarado por su comprador era de 50.000 USD y que apenas creó la empresa en julio del 2025. ¿Se hizo algunas preguntas? ¿Se cuestionó como periodistas el origen de ese milloncito? ¿Prefirió Boscán hacerse el loco viendo tantos billetes? ¿En algún momento se dijo: es ético lo que hacemos con Vivanco? Claro que sí. Lo sabía todo. Pero no le importó. Así son los negocios.
Ahora que anda investigando tanto caso de narcotráfico -y lo hace bien- ¿no le pasó por la cabeza que ese dinero no justificado que le ofrecían pudiera ser del narcotráfico? ¿Cómo alguien que declara 50.000 USD puede pagar un palo verde? Y hasta el día de hoy, el angelito de ADN no justifica nada. Porque claro, en la Fiscalía está el ex abogado de Noboa, su amiguis, y mejor no hacer nada. El presidente de la República, como siempre, prefiere mirar a otro lado, a otras vacaciones.
Preguntas sueltas para un preguntador incómodo. Preguntas que debió hacerse, pero prefirió que se desvanezcan en el aire.
Seguiremos viendo y escuchando a Boscán. ¿Cómo no hacerlo? Tiene información privilegiada, denuncia casos de corrupción, la gente lo busca para brindarle exclusivas y secretos guardados. Informa con solvencia, con ironía, con datos, con rigor. Hace un muy buen trabajo. ¿Cómo negarlo? Pero… esas preguntas siempre se quedarán por ahí, flotando, esperando que las agujas del tiempo las revienten.
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