Ingrid Ross, Nueva Semana. El secuestro del actual presidente de Venezuela Nicolás Maduro y su esposa, Cilia Flores, para juzgarlos en Estados Unidos por «narcoterrorismo» ha causado conmoción en América Latina. Como era de esperar, no bien se produjo la intervención estadounidense, los mandatarios progresistas y de izquierda expresaron su profunda preocupación por una agresión que violaba las normas y las reglas diplomáticas internacionales. El presidente de Colombia, Gustavo Petro, que desde hace tiempo mantiene una disputa pública en redes sociales con su homólogo estadounidense Donald Trump, expresó un fuerte sentido de alarma. Hace un año, Petro se atrevió a denegar el aterrizaje a un vuelo de repatriación con migrantes procedentes de Estados Unidos, lo que supuso el inicio de las tensiones entre los presidentes. En varias ocasiones, Trump acusó al primer mandatario de izquierda de Colombia de ser el jefe de un cártel de narcotráfico que impulsaba la producción masiva de drogas en su país.
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Revista Crisis. Dos pájaros de un tiro. Así es como funciona la invasión imperialista colonial que los Estados Unidos impuso sobre la hermana República Bolivariana de Venezuela el pasado sábado 3 de enero. Dos líneas elementales para el sostenimiento del decadente imperialismo yanqui se logran solventar con la primera invasión a Latinoamérica del siglo: 1. La necesidad de abastecerse de los requerimientos energéticos para sostener su maquinaria productiva, que en efecto se disuelve poco a poco frente al indudable primer productor del mundo: China; y 2. La generación de un consenso respecto a la supuesta vinculación entre el crimen organizado alrededor del narcotráfico, y la izquierda, como término general para englobar tanto al progresismo de izquierda (Maduro por ejemplo) e izquierda revolucionaria (Movimiento Indígena), unos irán presos o tendrán que someterse al exilio, otros serán ejecutados en los territorios o desaparecidos. Ambos aspectos elementales de esta invasión, están inscritos en intereses geoestratégicos específicos, por un lado, y a someter por completo a la resistencia de los pueblos al imperialismo extractivista, que es la forma que adopta el fascismo en el Sur Global.
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