miércoles, 14 de octubre de 2026

La nueva carrera de Periodismo de la UCE en los medios de comunicación


Radio América/. El profesor MSc. Marcel Merizalde, director de la Carrera de Periodismo de la Facultad de Comunicación Social (FACSO-UCE), participó en una entrevista en Radio América, donde compartió información sobre la nueva oferta académica de la Universidad Central del Ecuador.

Durante el diálogo, abordó la importancia de la formación de nuevos profesionales del periodismo y el papel de la academia en la preparación de comunicadores capaces de responder a los desafíos actuales del ejercicio periodístico.

La nueva Carrera de Periodismo representa una oportunidad para quienes buscan formarse en una profesión fundamental para la sociedad, la información y la construcción de una ciudadanía crítica.

La FACSO-UCE continúa proyectando su oferta académica y fortaleciendo su presencia en los espacios de diálogo público.


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¡Vale la pena!!!

 
Roque Monassa.


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La UCuenca y la primera piedra

 
Xavier Zavala Egas, columnista de Espreso.

Xavier Zavala Egas, https://www.expreso.ec/. El 7 de octubre, el presidente Noboa llegó al campus de la Universidad de Cuenca para colocar la primera piedra de la residencia estudiantil Casa U. Obviamente, y al mejor estilo hollywoodiense al que nos tiene acostumbrado cualquier funcionario de tercera categoría, no se diga el presidente, que para comerse un bolón de verde hace un perímetro de seguridad de una cuadra, con patrulleros, carros de seguridad y etcéteras. Ahora, el dispositivo montado alrededor y dentro de la U de policías y militares, dio la impresión de una invasión.

Además, candidatos oficialistas aprovecharon la escena usando la universidad como vitrina o propaganda electoral. La respuesta estudiantil fue un plantón. En democracia, protestar frente al poder no es delito, es rebeldía. Finalmente, los estudiantes denunciaron gas pimienta y empujones cuando la caravana se retiraba.

De ese desorden quedó una imagen, el profesor, Santiago Rosano en el suelo, y de esa imagen salió una sentencia. La ministra de Educación pidió públicamente que la universidad tome medidas disciplinarias y “separe al señor que funge como docente”.

La señora dictaminó por redes sociales, rematando con que: el sistema superior “no puede seguir siendo espacio para gente que daña a nuestros jóvenes”. Al menos al griego Sócrates, el filósofo, no el futbolista brasileño -por si acaso alguna confusión de los morados- acusado de corromper a la juventud, se lo sometió a un juicio. Ahora no, simplemente se dictó un fallo por redes sociales.

Pero, por último, concedámosle la impulsividad a la ligera condena lanzada a los cuatro vientos. Lo que sí no sale fácil es que ella es Ministra de Educación y, por lo tanto, no gobierna la educación superior. Las universidades tienen su propia ley y su régimen disciplinario corresponde a sus órganos, me refiero al CES, que no ha dicho ni pío hasta el sol de hoy, martes 13.

El pedido no tiene valor jurídico, es de una incompetencia total. Mas, si lo vemos como presión política tiene todo el sentido. El mensaje real no era “aclaren lo ocurrido”, sino “si se oponen, habrá castigo”.

Ahora bien, el tema nada tiene que ver con la libertad de cátedra, el docente no estaba enseñando ni investigando. Estar en un plantón es ejercer los derechos de expresión, reunión y manifestación, y que el aludido sea extranjero constitucionalmente no cambia nada.

Obviamente, siendo un caso político y en plena época electoral, el libreto debía escalar. A quien la ministra se refirió diciendo un “señor que funge como docente”, un bienmandado de la bancada oficialista lo llama en X terrorista y quiere deportarlo, con base en la Ley de Movilidad Humana como amenaza a la seguridad pública y a la estructura del Estado. O sea, si un profesor tirado en el suelo amenaza la estructura del Estado, ciertamente que el problema no es el profesor.

El rector, sin nombrar a la ministra, convocó a un diálogo, reclamó “respeto e independencia para la deliberación”, y anunció que cualquier medida la decidirá el Consejo Universitario. Igual, docentes y estudiantes de la U Cuenca, el FUT Azuay y la UNE nacional están a la expectativa.

Se han dicho frases como: “La protesta en la universidad fue la consecuencia de las acciones del presidente que ustedes trajeron acá. Esa es la consecuencia, decana". “Rector, el tema aquí son 400 militares, tanquetas, heridos, una fuerza desproporcionada y que el protocolo falló".

La Alianza de Organizaciones por los Derechos Humanos del Ecuador denunció presuntos actos de hostigamiento contra el docente Santiago Rosano y Mauricio Ochoa, presidente de la FEUE de la UCuenca, tras las protestas. “La universidad ha perdido mucha vocería frente a lo que está pasando en el país". “El rector que tenemos ahorita no contribuye mucho".

Ciertamente que al gobierno le tocaba poner la primera piedra, pero… no arrojarla.


Silencio

 
Carlos Alberto Reyes Salvador, columnista de Expreso.

Carlos Alberto Reyes Salvador, https://www.expreso.ec/. Lejos quedó el frenético tecleado de las máquinas de escribir, el incesante timbre de los teléfonos, el humo de los cigarrillos suspendidos sobre ceniceros improvisados. Atrás quedó aquella sala de redacción donde las cuartillas se acumulaban junto a las tazas de café frío, a donde los periodistas regresaban de la calle con una libreta llena de apuntes; los fotógrafos revelaban sus imágenes mientras los editores discutían un titular. Los correctores perseguían erratas y los operarios preparaban la impresión. Afuera dormía la ciudad. Adentro, el cansancio cedía ante la urgencia de cerrar la edición. Y cuando una noticia cambiaba el curso de la noche, el grito de “¡Paren las máquinas!” devolvía a todos a sus puestos para incluir alguna primicia.

Ya no se escucha el estruendo de las rotativas, donde la tinta encontraba el papel y miles de ejemplares emprendían su viaje hacia quioscos, esquinas y hogares. Al amanecer, los voceadores anunciaban las noticias. El periódico entraba en las casas, acompañaba el desayuno, pasaba de mano en mano y abría conversaciones. Había algo entrañable en desplegar sus páginas, reconocer una firma y detenerse en una fotografía. Era nuestro encuentro con el mundo.

Hoy, ese sonido ya es historia. La imprenta se ha apagado. Queda el silencio. El viernes 9 de octubre, EXPRESO lanzó su última edición en papel, cerrando así una tradición de 53 años, dejando una ausencia que muchos lectores sentiremos. Despedir sus páginas también significa despedir un ritual entrañable.

Ese sentimiento merece un homenaje a quienes hicieron posible cada edición. A los reporteros que salieron a buscar respuestas, a los fotógrafos que supieron mirar, a los editores y correctores que cuidaron cada palabra. A los trabajadores de la imprenta, distribuidores y vendedores que enlazaron la redacción con sus lectores. Detrás de cada ejemplar hubo manos, desvelos y familias. Su esfuerzo queda inscrito en la historia del Diario y en la memoria de quienes lo recibimos.

Me honro en ser columnista de EXPRESO. En sus páginas he encontrado una tribuna para compartir ideas y participar en una conversación que nos pertenece a todos. Agradezco esa confianza y la posibilidad de escribir junto a voces diversas. Un espacio de opinión adquiere valor cuando invita a pensar, admite diferencias y respeta la inteligencia del lector.

La edición digital lleva consigo esa herencia y en cada pantalla seguirá siendo necesario investigar, contrastar, escuchar y explicar. El vínculo con los lectores se renovará con cada noticia verificada, cada historia bien contada y cada columna que abra una reflexión.

Los 53 años de EXPRESO van más allá del papel. Viven en su archivo, en sus periodistas y en la confianza de sus lectores. Acompañarlo en esta etapa es una forma de agradecer lo recibido y de sostener una conversación que sigue abierta. Su futuro se escribirá con el rigor, la independencia y la vocación que lo animan.

Las rotativas han quedado en silencio. Que la voz de EXPRESO no se silencie jamás.


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Algo de esperanza

 
María Sol Borja, periodista, cronista y colaboradora en medios nacionales e internacionales como New York Times y Washington Post.

María Sol Borja, https://www.primicias.ec/. En los últimos días, una marcha autoconvocada en Quito y Cuenca ha agrupado a varias centenas de estudiantes para protestar pacíficamente contra el autoritarismo.

En una democracia, eso debería alegrarnos. Que haya gente dispuesta a salir a las calles por lo que considera justo, necesario, urgente, no sólo para sí mismos si no para su comunidad. Sobre todo, cuando el silencio parece apoderarse de a poco, de todos los sectores que en una República deberían ser un contrapeso al poder.

Cuando desde el poder se repite insistentemente que no habrá apagones -mientras las industrias y empresas están obligadas a desconectarse del sistema eléctrico y en varias ciudades alertan que han pasado horas sin luz- o cuando desde lo más alto del poder Ejecutivo aseguran que en un mes, en dos, en tres, va a haber medicinas en los hospitales, y al cabo de ese tiempo, los pacientes peregrinan en los medios de comunicación o hacen plantones fuera de Carondelet para reclamar el riesgo inminente de muerte, el silencio ya no es una opción válida para muchos.

Hace unos días se hacía viral la intervención de un joven dirigente estudiantil de la Universidad Central, Moisés Avilés, que, en el acto inaugural de la carrera de periodismo de esa entidad, alzaba su voz para cuestionar la presencia de Jahaira Urresta, una asambleísta ex RC, hoy aliada de ADN.

En el fragmento difundido por el periodista Andrés Burbano, se escucha a Urresta decir cómo se debe ejercer el periodismo.

¿Por qué sería aceptable que una funcionaria pública, blindada por el poder que hoy ostenta, les diga a los estudiantes cómo deben ejercer un oficio que ella jamás ha ejercido?

Ese, precisamente, era uno de los cuestionamientos de Avilés, quien, en nombre de la facultad de Comunicación Social, calificó la invitación a Urresta como un “desacierto”.

El día anterior, dijo Avilés, el gobierno al que Urresta representa, “impidió la movilización de docentes y estudiantes en su propio campus y los reprimió”, en referencia a los incidentes en la Universidad de Cuenca, en donde la visita del Presidente Daniel Noboa generó rechazo por parte de estudiantes que denunciaron la fuerte presencia de militares y policías dentro y alrededor del campus.

Avilés también dijo que Urresta representa a un gobierno que “censura a periodistas, no se conceden entrevistas a medios de comunicación, se los reprime cuando hay movilizaciones”, antes de abandonar el acto con varios de sus compañeros.

Un ejercicio de pensamiento crítico propio de los estudiantes en cualquier parte del mundo hoy se siente como un acto de valentía frente a una maquinaria de poder que lo aplasta todo, que silencia voces disidentes, que censura y hostiga a periodistas críticos, que usa la maquinaria del estado para perseguir y enjuiciar a activistas y opositores.

Y sin embargo, un joven se atreve.

Unos días después, la movilización en Quito, en pleno feriado, evidenció más descontento, más reclamos, más cuestionamiento.

Al menos dos periodistas, Diego Cazar, de La Barra Espaciadora y Elena Rodríguez, de Telesur, denunciaron haber sido reprimidos por la Policía. En las imágenes que ambos compartieron, se ve en efecto empujones, gritos y violencia.

En Cuenca, hubo un plantón de los estudiantes para respaldar a un docente, Santiago Rosano, después de que la ministra de Educación, Gilda Alcívar, pidiera públicamente a la Universidad de Cuenca que lo despidiera. Para hacerlo, citó en su cuenta de X una publicación de uno de los pasquines a través de los que se desinforma, hostiga y estigmatiza a periodistas, opositores o activistas. Ese post sirvió para avivar las ya violentas hordas digitales que además también atacaron al presidente de la FEUE en Cuenca y a su familia, según denunció, y que pidan la expulsión del país de Rosano, al más puro estilo autoritario.

En un contexto de tanta hostilidad es esperanzador que haya estudiantes dispuestos a alzar su voz y enfrentar los riesgos que esto implica. No solamente porque la rebeldía, la capacidad de desafiar al status quo, de cuestionar las normas establecidas es intrínseca a la juventud, sino también porque en un momento como el que enfrenta el país, las voces que resuenan, reclaman, cuestionan y denuncian son imprescindibles.

Así como el silencio hunde, desesperanza y apaga, la palabra, el reclamo y la voz, son esperanza y ejemplo para otros que, de a poco, también se atreven a vencer el miedo y usar un arma tan poderosa como su voz.


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