
Dustin Hoffman, Robert Redford, Jason Robards, Jack Warden y Martin Balsam, en la redacción del 'Washington Post'
Eduard Castaño, Señales. Pocas obras mantienen intacta su vigencia 50 años después de su estreno, y Todos los hombres del presidente es una de ellas. Estrenada en Estados Unidos un 5 de abril de 1976, la película está concebida como la crónica de un escándalo político -el Watergate-, hoy funciona también como una lección sobre el oficio de informar: la verdad no aparece, se construye. Lejos de cualquier épica fácil, la película retrata a dos periodistas que avanzan entre dudas, verificaciones y obstáculos, en un mundo donde preguntar resulta más incómodo que callar. Dirigida por Alan J. Pakula, la película prescinde del artificio para abrazar una puesta en escena casi quirúrgica. No hay música que subraye emociones ni giros de guion diseñados para el aplauso. Solo hechos, llamadas telefónicas, notas en cuadernos y la persistencia de dos periodistas que se niegan a aceptar el relato oficial. Robert Redford y Dustin Hoffman encarnan a Woodward y Bernstein sin heroicidades impostadas: su épica es la de quien insiste cuando todo invita a desistir.
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